
El tiempo resulta ser un aliado traicionero. En ocasiones se encuentra de tu lado, pero en repetidas ocasiones se pone en tu contra de maneras impensables.
Parecía una eternidad la que habíamos estado en altamar. Las horas y los días fueron avanzando cruentamente y solo podíamos observar lentamente como nuestros suministros se comenzaban a escasear mientras el horizonte solo marcaba agua y más agua a nuestro derredor.
Mi mayor preocupación era el exceso de sol y la deficiencia de agua que teníamos en esos momentos. A cada hora que pasaba, nuestras energías eran afectadas por las raciones a las que teníamos que vernos sometidos.
Calvin era un muchacho, su organismo podía aguantar y yo no era mayor realmente. Situación que nos daba un poco de ventaja, pero ningún cuerpo podía sobrevivir a semejante panorama por demasiado tiempo.
Además, el vaivén del mar y el efecto que este causaba en nuestros estómagos tampoco era ninguna ventaja. La deshidratación pronto haría efectos en nosotros.
Es allí donde uno comienza a pensar en las cosas que realmente le importan y las circunstancias que hubiera hecho diferente. También es cuando uno se pone más sincero y comienza a desvelar los más profundos pensamientos de su interior. Fue así como la siguiente conversación tuvo lugar entonces.
- ¿Señor? – comenzó Calvin.
- Dime, Calvin.
- Sabe, creo que todo lo que está sucediendo solo me deja ver que no sobreviviremos a este viaje.
- No lo sé muchacho, realmente resulta ser un enigma que no puedo resolver de momento.
- Bien señor, eso lo entiendo, y se también que mientras algo dependa de usted, buscará resolverlo. Pero siendo realistas, no creo que esto dependa de usted en este momento señor.
- Entiendo lo que quieres decir Calvin, creo que tienes razón.
- Así que señor, quiero agradecerle lo que ha hecho por mí, es usted un buen amigo. Sabe, yo no conocí a mi padre, mi madre dice que se perdía en la bebida y se pasaba largas temporadas fuera de casa. Recuerdo solo haberlo visto una vez en mi vida, vino a casa, mi madre decidió que lo mejor era que yo me encerrara en mi cuarto. Él se sentó en la mesa, parecía un hombre muy poco agradable.
- ¿Y por qué tu madre se casó con él?
- Nunca lo entendí del todo, dice que cuando eran jóvenes, él no era así. Que era un hombre que parecía tener un futuro.
- ¿Y qué lo cambió?
- Pues, creo que los golpes que le dio la vida. Verá, él tenía un hermano, según lo que me cuenta mamá. Este era su orgullo, él lo había criado porque habían quedado huérfanos desde muy pequeños. Pero un día, un hombre llegó al lugar donde mi tío y mi padre se encontraban; sin decir nada, desenvainó un cuchillo y asesinó a mi tío frente a los ojos de mi padre – el horror desfiguró mi rostro un poco – así es señor, mi padre perdió al originador de su orgullo frente a sus propios ojos. Pero creo que lo más duro vino después, cuando se enteró que la razón por la que fue asesinado provenía de todas las cosas turbias y despiadadas que mi tío cometía. Fue entonces que mi padre perdió el deseo por vivir, se entregó a la bebida y nos dejó a la deriva a mi madre y a mí.
- ¿No estaba tu hermano aún?
- No señor, mi madre quedó embarazada en esa última visita de mi padre. No era algo que ella buscará, pero a mi padre nadie le podía decir que no.
- Hablas de él en pasado ¿murió?
- Así es señor, una intoxicación de alcohol. Nadie pudo hacer nada. Pero creo que, desde ese día, mi pobre madre pudo descansar por fin de tantas cosas malas y centrarse ahora en quienes realmente éramos su familia.
- Lamento escuchar eso Calvin.
- Yo no señor, eso fue lo que ha hecho que mi vida sea tan diferente. Qué yo haya sido compensando con amor, el de mi madre, por todo lo que mi padre hizo.
- Veo que te preocupa tu madre ahora ¿cierto?
- Así es señor, no sé qué será de ella. Cada vez está más grande y la noticia de mi muerte sería algo que seguramente no podrá manejar. O peor aún, el no volver a saber de mí.
- Calvin, debo confesarte algo.
- Dígame, señor.
- Pues, la última vez que hemos visto a Lady Hayden, deslicé una nota en su mano al despedirnos.
- ¿Y qué decía?
- Pues, ya antes habías mostrado preocupación por tu familia. Así que, en el pequeño escrito, le hice hincapié de cumplir una sola instrucción que tenía yo por si no volvíamos de este viaje.
- ¿Cuál fue señor?
- Bien, le pedí que investigara la forma de contactar a tu madre y darle una renta mensual suficiente para que ella y tu hermano puedan vivir cómodamente.
- ¿En serio hizo eso señor? – nuevamente Calvin me abrazó, comenzaba a dejar de ser tan extraño eso – ¡No puedo creerlo señor! Usted ha sido más padre para mí en este poco tiempo que mi verdadero padre en toda su vida.
- Tranquilo muchacho, era lo menos que podía hacer después de haberte hecho perder tu empleo – Calvin me soltó nuevamente, comenzaba a dejar de desagradarme tal acción.
- Claro señor, eso me tranquiliza muchísimo. Gracias infinitas.
- Descuida. Fue algo que tenía que hacer. Ahora, quiero que dejes de pensar en eso. Tenemos que concentrar nuestras fuerzas y mentes en lograr sobrevivir. Aún tenemos muchas cosas por hacer, debemos salvar a Dasha y, tú tienes que volver a casa en algún punto.
Calvin sonrió y comenzó a buscar con la cabeza en el poco derredor visible que teníamos por delante.
- Señor, ya que olvidé asegurar los remos por error y los tomaron, creo que necesitamos encontrar la manera de hacer una vela para utilizar el viento a nuestro favor.
- Me parece sensata tu sugerencia, pero ¿de dónde podríamos sacar una vela en medio de tanta agua?
- Mire mientras estuve oculto en este bote, decidí esconder algunas cosas que pensé que nos podrían ser de utilidad. Una de ellas es esta piedra. – sacó una piedra de entre las tablas que servían de asiento – también escondí esta soga y tengo mi navaja. Si usamos nuestros sacos y los amarramos correctamente, tal vez podríamos úsalos de vela.
- No me parece tan disparatada la situación. Pero resta encontrar algo que funja de mástil.
- Pues, no lo sé señor, tal vez la soga podría ayudarnos bien, es una soga larga y fuerte. – la saco y me la mostró, estaba suficientemente larga y bastante gruesa – ¿si usamos los sacos como una especie de cometa? Tal vez el viento fuerte de arriba logre jalarnos lo suficiente para llevarnos a alguna orilla donde podamos pedir ayuda.
- ¡Qué chico más inteligente! – revolví el cabello de Calvin con mi mano – Vamos, tenemos que apresurarnos, se ve que el viento es fuerte y podrá sernos de gran utilidad.
- ¡A la orden, señor!
Nos quitamos los sacos y comenzamos a cortarlos y entrelazarlos de forma que se hiciera una especia de manta. Buscamos que los amarres fueran lo más firmes posibles, no podíamos darnos el lujo de que se rompieran o perdiéramos aire entre los huecos.
Calvin era muy hábil con los amarres, eran firmes y precisos. Comenzó a acomodar la soga de tal manera que hiciera una especie de globo con las telas.
Lo único que lamentaba es que aquel saco fue el último regalo que mi abuelo me dio antes de morir. Yo amaba ese saco, pero seguramente de nada me serviría si yo moría. Así que creo que era mejor que fuese utilizado así.
Calvin hizo varios intentos por lograr elevar aquel intento de vela. Los primeros fueron infructuosos, solo caía y caía repetidamente en el inmenso mar.
Con la tela mojada, los intentos por hacer volar nuestro “cometa” resultaban realmente vanos. Después de un rato, tanto Calvin como yo estábamos perdiendo las esperanzas. Parecía tan imposible el que se lograra aquella idea que estábamos a punto de darnos por vencidos.
Decidimos detenernos unos minutos, el apetito se nos abrió y vimos a bien el parar para alimentarnos y después reintentar.
- Señor.
- Dime Calvin.
- ¿Cree que lo logremos?
- No lo sé querido muchacho, pero no podemos rendirnos ahora
- Es verdad señor.
- Pero sin importar que suceda, quiero que sepas que estoy muy agradecido de haberte conocido y también de contar con tu ayuda y amistad. No habría podido lograr nada de esto sin tu ayuda.
- ¿En serio señor?
- Así es Calvin, gracias.
El silencio reinó un momento, no siempre resulta fácil expresar sentimientos y continuar como si nada hubiese sucedido.
Después de unos minutos ligeramente incomodos, Calvin rompió el silencio nuevamente.
- Señor.
- ¿Qué sucede Calvin?
- Creo que es momento de que lo intentemos nuevamente, el aire parece que arreció y la tela se encuentra relativamente seca, presiento que podremos lograrlo.
- Me parece bien Calvin, me aseguraré de que la soga siga firmemente amarrada mientras tu intentas nuevamente.
- Claro señor.
Nuevamente tomamos nuestras posiciones. Yo me aseguré de los amarres a nuestra pequeña embarcación, mientras Calvin, con la mirada fija en el cielo, mojo su dedo en saliva y sintió la dirección de la corriente del viento. Su mirada se encontraba determinada. Realmente estaba tomándose su tiempo para determinar el momento justo de lanzar aquel “manto” lleno de nuestras esperanzas.
Yo lo observaba con fijeza, listo para sostenerlo si el barco jalaba con fuerza a la hora de ser arrastrado por el viento.
El silencio fue intenso, solo se escuchaba el viento y el ruido del mar. Los ojos de Calvin se mantenían atentos, sus brazos estaban tensionados y listos para disparar. Teníamos pocas oportunidades ya, no creo que el viento fuese a durar demasiado más y teníamos que aprovechar para que el aire nos dejara elevar lo suficientemente alto el “cometa” como para que las corrientes superiores lo mantuviesen volando.
Repentinamente el viento sopló aún más fuerte y casi como si fuera accionado por este, Calvin disparó el “cometa” al cielo. La corriente violenta tomo un momento el “cometa”, comenzó a hacerlo flotar, fue intenso, lo elevó y casi de inmediato, el tirón del viento se hizo sentir en la embarcación.
Sostuve las piernas de Calvin, que estuvo a nada de caer por la borda. El “cometa” se elevó y comenzó a tirar intensamente de nuestro bote. Era realmente sorprendente como eso que alguna vez fue ropa, lograba resistir y darnos avance con la corriente.
Calvin y yo comenzamos a gritar de emoción y nos aferramos firmemente al suelo de la pequeña embarcación. Las esperanzas se nos renovaron, parecía que nuevamente podríamos salir de este embrollo tan complicado.
- Señor, lo logramos.
- Lo lograste Calvin. Excelente.
- Gracias, señor, espero que pronto podamos divisar algo.
- Eso espero yo también muchacho.
El aire siguió intensificando y la embarcación tomaba más velocidad. Pero conforme avanzábamos, algo me hacía sentir que ese viento fuerte que nos arrastraba no era realmente algo común.
La temperatura comenzó a descender un poco, el aire seguía intenso y cada vez bajaba más hacía el mar. La marea comenzaba a generar movimientos más intensos sobre nuestra pequeña embarcación, lo que se avecinaba era una tormenta. Tantos días de tranquilidad que habíamos experimentado estaban siendo proseguidos por una tormenta que amenazaba con ser realmente violenta.
- Señor, el aire se está enfureciendo – levantó la voz Calvin – creo que nos arrastra a una situación muy incierta.
- Efectivamente muchacho, tendremos que aferrarnos con todas nuestras fuerzas a la embarcación.
El embravecido mar comenzaba a desatar su furia, las aguas empezaban a empaparnos, una ola nos llenaba de agua mientras otra provocaba que el barco se vaciara.
Los negros nubarrones comenzaron a verse bastante aterradores, el viento silbaba frenéticamente, la gélida corriente nos enfriaba los huesos y no sabíamos si temblábamos de frío o de terror.
Nadie comprende lo atemorizante que es el enfrentar el hecho de poder perder la vida y sentir que puede suceder en cualquier momento. No tener a donde resguardarse hace que uno valore en sobremanera la tierra firme. No me malentiendan, seguiré amando el mar, pero ahora apreciaré mucho más el estar seco y tener mis pies en la orilla firme.
El mar enfurecido era cada vez más agresivo. Las grandes olas que se levantaban arrebataban de un lugar a otro el bote indefenso. Sabía con certeza que esa estructura no aguantaría por mucho tiempo más aquella zarandeada.
- ¡Calvin! Si esto se rompe, busca agarrar un pedazo de la embarcación y no lo sueltes por nada.
- ¡Sí señor, así lo haré!
- ¡Calvin! Usa todo tu cerebro para salir de esto.
- Así lo haré señor.
Tras sentir varias oleadas más, fue cuando sucedió, el barco comenzó a tronar cada vez más, empezó a agrietarse y el agua se metía intensamente por las grietas, en cuestión de segundos, la pequeña embarcación termino siendo pedazos de madera flotantes.
El agua nos ahogaba vez tras vez, sumergiéndonos, intentamos mantenernos juntos, pero una ola gigante nos consiguió dividir. Calvin se dirigía a un extremo y yo, al contrario.
- ¡Señor! – alcancé a escucharlo gritar.
- ¡No te sueltes muchacho! – le grite con todas mis fuerzas.
- ¡No lo hare! – apenas alcance a escuchar eso, cuando una ola lo cubrió por completo.
- ¡Calvin! ¡Calvin! – mis gritos nos recibían respuesta. – ¡Calvin!
Trataba de ver a mi alrededor, pero cuando el mar se enoja, no permite que nada sea visto.
Sentía una angustia tan grande de no saber si Calvin se encontraba bien. Mientras el agua arremetía contra mí, como si yo le hubiera hecho algo demasiado malo para ser perdonado.
Una vez tras otra me golpeo brutalmente, en algún punto, no recuerdo cuando, había decidido amarrarme a ese pedazo de madera mientras aún era un bote y ahora, eso me mantenía fuertemente aferrado a este.
Las olas furiosas me mostraron todo su poder, vez tras vez me hacían perder el aliento.
Por momentos me sumergían violentamente, pero mi pedazo de madera me rescata nuevamente y salía a flote. Aún así, no sentía que aguantaría mucho más.
El aire cada vez era más difícil de jalar, tragaba mucha agua y sentía que pronto perdería el conocimiento nuevamente. Jamás en el pasado había perdido tantas veces el conocimiento como en este corto tiempo.
Lo único en lo que podía pensar era en Dasha y en Calvin ¿Dónde estarían? ¿Quién los ayudaría? ¿Podrían sobrevivir?
Con esos pensamientos, una ola me golpeo nuevamente y me sumergió, el golpe fue tan certero que no me permitió seguir. Perdí el conocimiento, este era el final.
Narración continua con Lady Hayden.
Tras varios días de búsqueda, las esperanzas de encontrar con vida a Daft se iban acabando. Y más después de recibir los informes de tan terrible tormenta.
Pero ¿cómo poder dejarlos así? De menos, tendría que encontrar sus cuerpos y darles la sepultura que merecían los héroes. Daft y aquel pobre muchacho habían sido arrastrados sin remedio a un destino fatal y trágico, si habían muerto, lo menos que podía hacer era recuperar sus restos.
¡Ay mi querida Dasha! En las garras de aquel bruto de Lacroix y en camino a tan detestable y abominable destino.
Y ahora sin nadie que pueda ayudarnos. Aún tengo la esperanza de poder encontrarlos.
Las horas transcurrían y la búsqueda parecía ser infructuosa.
Se avecinaba la noche y eso solo significa el bajar el ancla para detenernos y proseguir hasta la siguiente mañana, lo cual solo hacía más improbable el que los halláramos con vida.
El sol se iba poniendo lentamente y con él mis esperanzas. A lo lejos solo veíamos agua y más agua; pero ningún rastro de Fenton.
El tiempo seguía avanzando y parecía inevitable el detenernos. Cuando los últimos rayos de luz iluminaban el horizonte, un marinero gritó:
- ¡Señor! ¡allá! a babor. Una figura flota en el agua.
- ¡Ya lo veo marinero! ¡Buen trabajo!
La embarcación aceleró ligeramente y se dirigió a babor, la penumbra hacía más difícil divisar lo que el agua tenía a flote, no podíamos distinguir si era un cuerpo o simplemente un pedazo de algo flotando.
Los marineros comenzaron a meter esas largas varas que utilizan para buscar, removían el agua y trataban de encontrar algo.
El silencio hacía escalofriante la escena, esperaba que alguno dijera que habían encontrado un cuerpo, las miradas vigilantes de aquellos hombres podían helar la sangre de cualquiera.
Los segundos parecían horas y los minutos eternidades. El corazón me latía con incontenible rapidez. La mente me giraba a toda marcha. Tendría que informar a las familias de aquellos hombres, pero ¿cómo hacerlo si ni siquiera sabía bien quienes eran? Esperaba de todo corazón el que los encontráramos con vida.
La luz se iba atenuando cada vez más y complicaba la visibilidad. Tras algunos minutos más, sucedió. Un marinero salto disparado hacía el agua. Dos corrieron por unos salvavidas y una cuerda. Tiraron la escalera que se encontraba en la proa, se escuchaba el ruido de pataleos y manoteos. ¿A quién pertenecían? ¿Fenton? ¿Calvin? ¿Aún vivián?
Los hombres se aglutinaron sobre la escalera. Uno comenzó a bajar un poco y se estiró, los demás lo sujetaron mientras él abrazaba un cuerpo, intentando levantarlo. Otro más se estiro y jalo aquel cuerpo inerte.
Una vez subido el cuerpo al barco, todos los demás comenzaron a ayudar a los dos marineros que estaban en la escalera. El medico corrió al cuerpo, me acerque un poco más, Fenton Daft yacía inerte en el suelo, no podía saber si vivía o ya había muerto.
El médico comenzó a examinarlo, paso el estetoscopio varias veces en diferentes lugares, le tomó el pulso, escucho su corazón y finalmente acerco un espejo pequeño a las narices de Fenton.
- Este hombre apenas respira – dijo con agitación y comenzó a bombear su corazón, le movía la cabeza para ver si expulsaba el agua.
Aquellos minutos han sido unos de los más enervantes de mi vida. Ver a alguien debatirse entre la vida y la muerte te hace mucho más consciente de la fragilidad que tiene la vida.
El médico, con toda su maestría, continuó su labor, una y otra vez, sin respuesta aparente.
Tras haber intentado unos minutos, la labor fue interrumpida por una estruendosa tos por parte de Fenton y después expulsó agua de su interior.
Me acerque más y me recliné a su lado.
- Fenton, Señor Daft, ya está usted a salvo – abrió ligeramente sus ojos.
- ¿Calvin? – preguntó.
- Aún no lo sabemos señor Daft.
Cerro nuevamente los ojos y perdió el conocimiento, el doctor revisó sus signos y dijo:
- Este hombre necesita descansar y recuperarse, llévenlo a un camarote libre, lo estaré observando.
Los enfermeros tomaron a Daft, lo subieron a una camilla y lo llevaron. Mientras contemplaba aquella escena pensaba en mi querida sobrina, que terribles vejaciones tendría que estar sufriendo.
Entonces, giré mi cabeza para observar la inmensa oscuridad de aquel imponente mar.
- Solo espero que te encuentres bien Calvin, dónde quiera que estés. – dije.
La noche era muy fría, acomodé mi abrigo bien sobre mis hombros, me di media vuelta y me dirigí al interior de la embarcación, por esta noche, no podía hacer más. Tenía sentimientos encontrados en mi interior y la enorme incertidumbre de qué sucedería con el siguiente amanecer.
