
Nuevamente aquí, de frente a frente, pero fingiendo ser dos desconocidos. El ruido nos rodea y la gente nos inunda y frente a tantos testigos tenemos que mantener nuestro amor en el silencio fatídico y la ignominia.
Es tan intenso el sentir que deseo tocarte y que solo necesito acercar mi mano a la tuya y, sin embargo, no puedo hacerlo.
Entender que hemos decidido guardar nuestro secreto en lo profundo. Que al final no es algo que realmente quieras que suceda, pero no tienes el valor de dejarme ir.
No sabes el dolor que me causa observar la forma en que ríes con los demás y la manera en que eres libre con quienes no me conocen.
Y me duele saber que al final del día caminas rumbo a un destino desconocido donde no estoy yo y te rodean los brazos de lo que nunca sabré que es.
Y me mata el entender que te amo tanto y saber que cada vez que respiro lejos de ti es como clavarme un cuchillo en lo más profundo.
Sé que no es falta de amor en realidad, porque en lo secreto podemos ser libres, pero en público solo soy el veneno que te detendría en tu grandeza. Al final, no puedo frenarte.
Y cada vez que te vas no sé si será la última vez que te veré. No sé si al final solamente te veré marchar a paso firme de mi vida sin que yo pueda evitarlo.
Y en la soledad me destruyo. La ansiedad me ataca al pensar que tu camino es tan paralelo al mío y me confirma sin dudas que jamás podremos estar juntos.
Y me torturo esperando el momento en que llegues corriendo a través de aquella cruel puerta que tantas veces has atravesado.
Y corras a mis brazos y me digas: ¡Ya no puedo más! ¡Vivamos nuestro amor frente a todos! No importa cuánto le pese a cualquiera.
Al final de cada fantasía te desvaneces de mis brazos y el hueco entre estos se hace enorme y frío y te pierdo una vez más y comprendo que nunca será así.
Que al final tú eres una versión en tu mundo y eres mía en el mío. Pero no sé hasta qué momento podré soportar el que sean mundos imposibles de unir que al final jamás se integrarán.
Y te siento mía cada vez que estás conmigo y siento que jamás terminará. Y de repente el sonido de tu alarma rompe el hechizo y tengo que soltarte y dejar que te vayas nuevamente de mi vida, arrastrando tras de ti todo lo que una vez pensé que seríamos.
Y la desesperación me invade, me hace consumir gota a gota. ¿Acaso sería más cruel la dulce mortandad para mí? Dudo realmente que así fuese.
No puedo mantenerme aquí frente a ti y sentir que has aprendido a ignorarme tan bien que no sé si en realidad me recuerdas o soy yo quien imagino todo lo que se reproduce en mi mente una y otra vez.
Y quisiera que todo terminara. Que al final tu mirada nunca se hubiera cruzado con la mía, que a resumidas cuentas jamás hubiera sabido el aroma de tu piel y el sabor de tus labios.
Solo así podría sentir que en algún momento continuaría hacia adelante. Pero ahora, ¿cómo lo hago? ¿Cómo se supone que continúe sin que tú estés aquí a mi lado?
No veo una posibilidad y solo contemplo el final como único medio de descanso.
Y mi corazón se aferra. No desea que esto se marchite, pero al final sé que lo hará. Porque al final un hombre tan solitario como yo jamás podría tener la flor más bella del lugar.
Y con esta lágrima me despido, entendiendo que no seremos más y que al final solo fue mi fantasía, la dulce fantasía que en alguna ocasión creí real. Amor, le llaman algunos. Agonía le llamaría yo.
Así que adiós vida mía, con esto te suelto. De saber de mí no tienes que preocuparte, yo me encargo de que jamás te enteres de lo que suceda conmigo. Con el ocaso me desvanezco.
