Capítulo 8

Capítulo 8

A veces la mente puede quemar más que la realidad…

Narración continúa con Fenton.

              Estaba tan feliz de estar sentado a la mesa de mamá, sus tartas de frutas siempre han sido las mejores. Los domingos realmente me hacen sentir especial. Toda la familia está junta, no falta nadie. Nadine, la pequeña Nadine, siempre corriendo y haciendo sus inocentes bromas. Papá sentado frente a la caldera leyendo un libro, siempre termino riendo porque se queda profundamente dormido a las dos páginas; es tan gracioso. La tía Martha siempre llegaba a casa con un festín para la comida. Tío Albert llegaba ofuscado al principio, pero después de dos vasos de vino y despertar a mi papá de un susto como de costumbre, su humor cambiaba. Mamá, siempre tan linda conmigo, servía la tarta con un poco de crema dulce y luego me deja jugar hasta la hora de comer. Esta ocasión quiero correr, correr y correr; dejar que el viento me lleve hasta donde se pueda. Escucho la risa de Barbara y Nadine corriendo tras de mí; mientas yo trato de alcanzar a Alec y a Clyde, siempre logro pasar a Clyde, pero Alec es demasiado veloz. Mientras corremos, el viento sopla fuertemente sobre nuestras cabezas. No puedo pensar en algo que no sea felicidad. Seguimos corriendo hasta llegar al arroyo. Alec llega primero, se quita la ropa y entra rápidamente. Todos jugamos y reímos, es una tarde perfecta. Mamá comienza a llamarnos para comer. Al voltear la veo a lo lejos, el sol brilla detrás de ella. Pero ¿Por qué el sol se ve tan rojo esta vez? Es como si quisiera comer a mamá. ¡Corre mamá! ¡Corre! El sol se va encendiendo más y más y se va acercando cada vez más. ¡Corre papá! ¡Corre! Tía Marta y Tío Albert están sentados muy tranquilos ¿por qué no corren? Mamá sigue llamándonos, estira la mano para hacernos señas y, no puedo creer lo que veo, los dedos de mamá comienzan a derretirse, ¿por qué está tan tranquila? ¡Corre mamá! ¡Corre! Papá chorrea por todos lados y el sigue aumentando de tamaño. ¡Qué calor tan intenso se siente! Casi no puedo respirar bien. Nadine toma mi brazo y siento como su piel se derrite en mi brazo.

  • ¡Vamos Fenton! Mamá nos llama – dice Nadine.
  • ¿Estás bien? – Pregunta Barbara
  • Ya saben que Fenton es extraño – dice Alec – Vamos corramos hasta la mesa, el último nos regala su postre.

              Y comienzan a correr hacia el enorme sol, ¿por qué no puedo pronunciar palabra? Mis pies parecen dos plomos, no puedo moverme y ellos irán a una muerte segura. Ese amenazante sol, tan cruel, despiadado. ¿Por qué quiere matar a mi familia? Mamá sigue llamando y pareciera que flamas salieran de sobre ella. ¿Qué está sucediendo? Nadine corre y parece dejar charcos a su paso. Me siento débil, no puedo moverme y ellos solo corren a su muerte. El sol sigue creciendo, la luz se vuelve insoportable, caigo sobre mi rostro y todo se vuelve blanco ¿Qué está pasando?

Fin de la narración de Fenton.

  • Doctor, dígame la verdad ¿Este hombre podrá sobrevivir? – Preguntó Lady Hayden
  • Lady Hayden, es muy pronto para saberlo. Creí por un momento que lo habíamos perdido. Su temperatura está muy alta y, si no baja pronto, creo que no soportará más. Si logra sobrevivir la noche, podremos tener esperanza.
  • Doctor, haga todo lo humanamente posible por salvarlo. No importa el costo, le debo demasiado a este hombre.
  • Así será Lady Hayden. ¡Enfermera! ¿Tiene lista la tina con agua helada?
  • Sí Doctor, solo esperamos sus demás instrucciones – responde la enfermera.
  • Bien – el doctor voltea hacia Lady Hayden y dice – Señora mía, tengo que continuar, no pierda la esperanza.
  • No lo haré doctor. Estaré en mi habitación si algo surge.

            Lady Hayden sale a toda prisa del camarote donde tienen a Fenton y se dirige al suyo. Al ingresar, cierra la puerta tras de sí y se recarga de espaldas a esta. ¿Cómo había sucedido todo esto? Aun no encontraban el cuerpo de Calvin y Fenton se debatía entre la vida y la muerte. ¿Acaso podía salir algo peor? Dubitativa y ensimismada, Lady Hayden despegó su cuerpo de lentamente la puerta y se dirigió hacia aquel fastuoso escritorio italiano que tan exquisitamente adornaba el lugar. Tomó asiento y mirando las hojas que tenía frente a ella, se dispuso a escribir. ¿Por donde empezar? Pues, sabía tan poco de aquel hombre en el que había confiado y al que tal vez había asesinado involuntariamente. Eso era, tenía que averiguar más aún. Las palabras parecían salir solas.

Estimado señor William Dalton

Investigadores Privados de Cornwell:

            Como siempre, me es un gusto el poder saludarle nuevamente, me dirijo a usted con total confianza y seguridad de que podrá ayudarme en la tarea que le encomendaré. Ya usted me ha sido de gran utilidad en otras ocasiones. Cuando nadie había podido dar con el rastro de mi amada sobrina, usted logró encontrarla y, también, detallar la forma de contactarla. Por lo que estoy convencida de que podrá ayudarme una vez más.

            La tarea que le encargaré será de vital importancia el que sea resuelta en la menor cantidad de tiempo posible. A mi cuidado se encuentra un joven llamado Fenton Daft, mi idea es que es escoses y necesito localizar a cualquier familiar que tenga. Es urgente, probablemente necesite avisar de su fallecimiento y necesito saber las indicaciones que la familia desea dar para el funeral de este. Además, necesito que usted averigüe el estado financiero de los padres o algún familiar cercano a él, me siento obligada a compensarles de alguna forma.

            Por otro lado, también necesitare toda la información que pueda conseguirme de un tal Calvin, un chico francés que fue empleado de los Tranvías Thunder-Milles, probablemente esté reportado como desaparecido. Es toda la información que poseo de él.

            Se que usted sabrá manejar todo este asunto con la discreción que lo caracteriza. Mi estimado señor, sabe que soy generosa a la hora de saldar mis deudas, esta ocasión no será a excepción. Espero noticias suyas pronto. Sabe cómo contactarme, utilice los medios de costumbre por favor.

            Me despido, reiterando mi agradecimiento y quedo a la espera de la información que necesito.

Sinceramente.

Lady Gertrude Hayden

            Al terminar la carta, Lady Hayden se levantó a toda prisa y cruzó el pasillo hasta el exterior de la embarcación, subió las escaleras que conducían al puente de mando y entró.

            – Necesito hablar con el capitán por favor – se dirigió al oficial a cargo.

            – Al instante Lady Hayden.

            El oficial envió a un subordinado a traer al capitán de su oficina. Este no tardo ni 2 minutos en presentarse ante Lady Hayden.

            – Milady ¿Qué se le ofrece?

            – Capitán quiero preguntarle ¿Cuál es el punto más cercano en el que puede desembarcar a alguno de sus hombres dentro del Reino Unido? Necesito con urgencia que alguno lleve esta carta a Cornwell a la dirección que tiene escrita en el sobre. Es vital que llegue pronto.

            – Entiendo Milady, el punto más cercano que tenemos es Norfolk, podemos acercarnos y hare que un par de hombres bajen en lancha hasta la orilla. ¿Desea que los esperemos o prefiere continuar a nuestro destino?

            – Continuaremos capitán, ambas acciones son de suma importancia que se cumplan en el tiempo y forma acordados.

            – Cómo Milady diga, así será. ¿Desea entregarme la misiva?

            – Claro, Capitán, confío en que los hombres que designará para esta tarea serán de su total confianza y sabrán manejar con prudencia este asunto. Necesito con urgencia y discreción el que se cumpla esta tarea.

            – Milady, tengo a los hombres indicados. ¿Desea entrevistarlos antes?

            – Capitán, si usted confía en ellos, para mí es suficiente. Tome la carta. ¿Podrán alcanzarnos en algún punto hombres? Una vez que regresen serán bien remunerados. Tampoco me olvidaré de usted.

            – Se le agradece su atención a Milady. Claro, daré instrucciones de donde nos alcanzarán y la manera de hacerlo. Estarán de vuelta con nosotros en aproximadamente 3 días, una vez que hayamos llegado a nuestro destino.

            – Perfecto, me parece muy bien.

            – ¿Algo más que podamos hacer por usted Milady?

            – Sí, una última cosa, pida a estos hombres que esperen a que el señor Dalton lea la carta y esperen una breve respuesta que seguramente enviará.

            – Considérelo un hecho.

            – Muchas gracias Capitán.

            – Milady – el capitán se inclinó con un movimiento varonil y elegante.

            Lady Hayden salió de allí con el porte de toda una reina, aunque no era una mujer joven, su belleza no se había desvanecido en lo absoluto. Su porte regio permitía ver la maravillosa cuna de la que provenía. Bajó los escalones grácilmente y se dirigió a toda marcha a ver a su secretario. Claude Moreau era un hombre alto y delgado, bastante refinado y un poco engreído, aunque totalmente leal a Lady Hayden.

            – Claude

            – A sus órdenes Milady.

            – ¿Cómo va la búsqueda del cuerpo del joven Calvin?

            – Sin resultados aún señora.

            – ¿Nada? ¿Cómo es posible eso?

            – No hemos tenido rastros aún. Le haré saber de inmediato cualquier noticia que tengamos.

            – Bien Claude. Estoy muy intranquila por eso. Presiento que esta noche será muy larga.

            – Milady, trate de no angustiarse, entiendo su preocupación, pero está usted haciendo todo lo que está en su poder.

            – Pues pareciera que no hago nada Claude, quisiera obtener más respuestas. ¿Ha dicho algo nuevo el doctor?

            – Tampoco Milady.

            – Bueno, tendré que ir a revisar personalmente. Investiga nuevamente como va todo en la búsqueda de Calvin.

            – Al instante señora.

            Claude salió inmediatamente mientras Lady Hayden se quedó un minuto más en la oficina de Claude. Miró por la ventanilla que esta tenía y solo pudo divisar mar y más mar. Y mientras observaba, Lady Hayden se preguntaba en donde podría encontrarse el cuerpo de Calvin. A estas alturas seguramente no lo encontrarían ya con vida. ¿Cómo se lo diría a Fenton? ¿Qué le diría a la familia que encontrara? ¿Alguna vez dejaría de sentirse culpable por arrastrarlos a esto? Claro, ella estaba consciente de que no fue directamente ella, pero al no hacer nada por impedirlo, se sentía como la más culpable de todos.

            Otro pensamiento cruzó por su cabeza ¿Dónde se encontraba su querida sobrina Dasha? Seguramente el monstruo de Lacroix estaría haciendo con ellas muchas cosas impensables. Hay momentos en que la mente no deja descansar a uno del torbellino de ideas que se lanzan sobre uno.

            Suspiró una vez más y tomó camino hacía el camarote de Fenton. Mientras se acercaba se escuchaba un gran bullicio. Al dar la vuelta hacia el pasillo que conducía al camarote, vio correr a enfermeras y el médico daba ordenes constantes. Lo peor estaba aconteciendo. Lady Hayden tuvo que entrar a la habitación más cercana y tomar asiento en la silla que encontró. Se quedó en silencio mientras el doctor y las enfermeras atendían a aquel pobre hombre que se debatía por la vida. Los momentos parecían eternidades y las órdenes del médico parecían tener una energía electrizante en cada palabra. Repentinamente el silencio se hizo dominante, Lady Hayden esperaba lo peor. El médico camino hacia donde Lady Hayden se encontraba.

            – ¿Lady Hayden? – dijo el médico.

            – ¿Sí? – respondió con temor Lady Hayden

            – Tenemos noticias…

            Resulta peculiar lo que sucede en la mente de alguien que se encuentra afectado por alguna dolencia. Las imágenes que en esta aparecen pueden parecer inverosímiles. Pero también revela una forma única de percibir el mundo que nos rodea.

            Después de ver esa enorme luz blanca, todo fue disminuyendo de intensidad y escuche una la voz de mamá nuevamente.

            – Fenton, cariño, levántate ¿estás bien?

            – ¿Mamá? – no quería levantar mi rostro, tenía miedo de verla derretida – ¿Qué si estoy bien?

            – Sí, cariño – mamá se acercó y puso sus manos en mi rostro – levanta la cara amor, quiero ver que estés bien.

            Con gran temor levanté la mirada hacía ella, la luz la rodea primero y después se fue haciendo más fácil de ver.  Mamá estaba bien y tan hermosa como siempre.

            – ¡Excelente! Estás bien cariño. – Mamá me tomó en sus brazos – Me asustaste.

            – ¿Qué sucedió mamá?

            – ¿No lo recuerdas cariño? Estás enfermo.

            – ¿Estoy enfermo? Pero si yo no me siento mal.

            – Claro, aquí dentro no te sientes mal, pero tu mente deja que lo percibas.

            – ¿Dentro? ¿De dónde?

            – ¿De dónde más cariño? Pues de tu imaginación. Todo lo que has visto es una interpretación interna de tu malestar relacionándolo con lo que conoces.

            – ¿Cómo? No entiendo.

            – Sí cariño, quiere decir que todo lo que has visto este día realmente no existe, todo es obra de tu imaginación.

            – ¿Y por qué sucedió?

            – Tienes fiebre muy alta cariño, estás bastante mal. Por eso viste todo eso.

            – ¿Y qué puedo hacer?

            – Pues, algo que te ayudaría es despertar.

            – ¿Despertar? ¿Estoy en un sueño? Parece todo tan real.

            – Sí cariño, estás en un sueño. Será mejor que despiertes. ¿Sientes ese temblor?

            – Sí mamá.

            – Bueno, es tu cuerpo intentando funcionar. Pero no podrá lograrlo si tú no le ayudas.

            – Pero ¿cómo?

            – Despertando.

            – No sé cómo hacerlo mamá.

            – Claro que sabes, solo tienes que hacerlo.

            – Pero no quiero. Me siento muy bien aquí con ustedes.

            – Cariño, pero necesitas hacerlo. Si no lo haces ahora, jamás podrás volver a hacerlo.

            – ¿Cómo?

            – Sí cariño, si no te esfuerzas y despiertas ahora, tu cuerpo no tendrá la fuerza de despertarte nuevamente. Te estás apagando.

            – Pero yo quiero seguir aquí contigo.

            – No cariño, necesitas despertar ahora. Es necesario.

            – Pero te extraño madre.

            – Lo sé amor, y podrás verme nuevamente, pero en mi versión mayor. Para hacerlo, tienes que despertar ahora. ¡Hazlo ya! Estás muriendo.

            – Solo dame un minuto más.

            – ¡Cariño, no tenemos un minuto! ¡Tienes que despertar ahora!

            – No madre.

            – ¡Despierta! ¡Tienes que hacerlo!

            – No puedo

            – ¡Claro que puedes! ¡Hazlo ya!

            – ¡Madre!

            – ¡Despierta!

            De repente, a lo lejos visualice a Dasha ¿cómo podía estar allí? Se acercaba a toda prisa, pero en esa carrera, comenzaba a sacar al monstruo que tiene por dentro. Corría a toda velocidad hacia mí, mi corazón se aceleraba a todo y respiraba a toda velocidad.

            Se lanzó sobre mí y gritó:

            – ¡Despierta ya!

            Su cara estaba sumamente desfigurada y era terrorífica. Desperté. Vi el rostro asustado de las enfermeras y el médico. Tomamos un segundo y después las enfermeras tomaron mis signos vitales. El médico salió en silencio y escuche a los lejos…

            – ¿Lady Hayden?

            – ¿Sí? – se escuchaba temerosa.

            – Tenemos noticias.

            – ¡Dígalas!

            – El joven Daft ha despertado.

            – ¡¿Cómo?! – se escuchó como cayó una silla y pasos apresurados, vi a Lady Hayden en la puerta como si un rayo la impulsara. – ¡Muchacho! ¡estás vivo! – corrió a abrazarme.

            Se sentía extraño, pero agradable. Tenía tanto que no veía a mi madre.

            – Nos diste un gran susto.

            – Lo siento Lady Hayden ¿Dónde está Calvin?

            La alegría se tornó en silencio, se alejó lentamente de mí y agachó la mirada. Sabía que algo no andaba bien.

            – Aún no logramos encontrarlo.

            – ¡¿Qué?!

            – No hemos dejado de buscarlo, pero no encontramos rastro de él. Te prometo que no nos detendremos.

            – Pero, ha pasado demasiado tiempo. Calvin podría haber…

            – Lo sé, pero lo menos que podemos hacer es encontrar sus restos.

            Los restos de Calvin. Era impensable, un sablazo de dolor atravesó mi corazón. ¿Calvin muerto? Mi mente no podrá aceptarlo hasta que lo vea.

            – Será mejor que descanses muchacho – dijo el médico – has tenido un día muy complicado y aun estás débil.

            ¿Descansar? ¿Cómo? Aquel muchacho se había convertido en alguien sumamente importante para mí y no saber dónde estaba me destrozaba.

            – ¡No! Necesito ayudar a buscarlo – intenté levantarme – Necesito… – me desvanecí y el médico logró atraparme.

            – No, muchacho, necesitas descansar – dijo el médico-

            – Fenton, te aseguro que hacemos todo lo que podemos – Lady Hayden estaba realmente preocupada – No nos detendremos hasta saber de él.

            – No, necesito – intenté forcejear con el médico y las enfermeras.

            – ¡Enfermera! ¡Un sedante!

            – ¡No! – exclamé, no podían dormirme en semejantes circunstancias.

            – Lo sujetaré con fuerza y usted inyéctelo – dijo el médico a la enfermera.

            Sentí la aguja entrando y por más que luche, el médico era más fuerte que yo en esos momentos. El líquido ingresó y comenzó a hacer su trabajo.

            – ¡No! Deb… – intenté decir – Necesi… Lady Hay… Prom…

            – Lo prometo Fenton, no dejaré de buscarlo.

            Miré el rostro de Lady Hayden por último y luego todo se volvió oscuro. ¿Dónde estará mi querido amigo? Calvin…

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